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Greenwich: 0º longitude

Mayo 31st, 2010 Mayo 31st, 2010
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Greenwich es un suburbio londinense situado al este de la ciudad, en la ribera sur del Támesis, una zona cuyas calles desprenden aún algo de rancia identidad inglesa, inexistente en el inventado (y reinventado cada día) centro de Londres. Así, el mercadillo de Greenwich, por ejemplo, se improvisa techando una pequeña plaza en el corazón del barrio, confluencia de varias estrechas callejuelas que sirven de acceso y que desembocan en un espacio bien delimitado, que se recorre en apenas media hora, y donde huele a cerveza y a humedad. El mercado ofrece distintos artículos en función del día en que uno vaya, pero siempre se encuentra comida  y mercancía hecha a mano. Yo me acerqué el día de la ropa de segunda mano, y me llamó la atención uno de esos tenderetes que venden camisetas con mensaje ingenioso. Dudé unos segundos antes de desistir de comprar una de ellas, divertida y cruel a partes desiguales: Yes, I have plenty of change you homeless piece of shit. Thanks for ask. Quedaban dos.

Pero si es conocida esta población es porque en ella se encuentra el observatorio astronómico donde en su día se situó el meridiano cero, línea imaginaria que une ambos polos y que sirve de referencia para la medición de la longitud y los husos horarios. Más que la propia visita al observatorio, que tiene su interés, me pareció sorprendente la panorámica ofrecida desde lo alto de la colina, no obstante cumplí con el rito de la foto con un pie en cada parte del mundo (comprobando un poco alarmado que necesitaba calzado nuevo), y haciéndome después otra pisando la imaginaria línea ( A medida que uno va creciendo se va dando cuenta de que lo más sensato es permanecer en el centro). 

Por la tarde, y siendo esta zona de arraigada tradición marinera, había que acercarse a visitar el Museo Marítimo y el edificio de la Escuela Naval, lugar este último donde se encuentra una placa conmemorativa que recuerda que durante un par de días los huesos del almirante Nelson descansaron allí, antes de ser trasladados a St. Paul’s Cathedral. Y tengo que decir que la bóveda pintada de este edificio me impresionó como pocas veces me impresiona el arte, así que, como soy de hacer las fotos justas, abajo podéis ver una que cumple tres funciones:  enseñar la placa conmemorativa, contemplar (con muy buena vista) parte de la pintura del techo, y contribuir modestamente a desagraviar el daño causado a los nuestros por el amigo Nelson, pisando un poco la citada placa(no sin tomar antes mil precauciones, debo aclarar [Sí, definitivamente, necesitaba zapatillas nuevas]).

La visita tendría que haber terminado junto al casco del antiguo velero Cutty Sark, que da nombre e imagen al famoso whisky, y que se encuentra a pocos metros de la oficina de turismo, en dique seco, para admiración de turistas y locales, pero desafortunadamente lo encontré cubierto de lonas por remodelación del casco, y así estará hasta 2012, me informaron. (Ah, bribones, así que en 2012…).

En fin, a falta de pies de foto,hoy fotos de pies, para que se ‘vea’ (previa apertura, si no, no se ‘ve’) que al final me decidí.

 

London Marathon 2010

Mayo 1st, 2010 Mayo 1st, 2010
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“Esmérate hoy con la cámara, amigo, que voy a por todas”. El fotógrafo que aparece puntualmente (y por amor al arte, hay que apuntar [aplauso]) cada sábado en Wimbledon Common para dejar testimonio gráfico de lo que allí pasa, me ha mirado un poco extrañado al principio, pero luego le he explicado que es mi carrera número 10 y que la ocasión bien merece una buena foto. En un momento ha compuesto una mueca amable y me ha guiñado un ojo cómplice, en señal de compromiso. Y ha cumplido. Yo he procurado hacer lo mío y lo mío me ha costado, pero al final lo hemos conseguido. Ha habido, sin embargo, un momento peligroso, hacia el final de la carrera, cuando mi campo de visión se ha fundido en blanco y una extraña voz suave y grave me animaba a avanzar hacia la claridad, momento que ha sido debidamente superado tras realizar un importante esfuerzo  de concentración que me ha llevado a repasar mentalmente todas las cosas que aún me quedan por hacer, como visitar la Patagonia o volver a perder la virginidad, y al final, tirando de orgullo y de algo de  inconsciencia, he llegado a la meta con cierta dignidad.

La idea cerril de tratar de superar hoy  mi raquítica marca personal se coló en mi cabeza el domingo pasado, mientras observaba, en  Buckingham Palace, a 200 metros de la meta, el paso de corredores de la (el) Maratón de Londres(que cumple 30 años), otro multitudinario acontecimiento en esta inagotable ciudad, que aparte de cita deportiva de relevancia, es el mayor evento con fines caritativos de todo UK. De los 36.000 dorsales, más del 80% son propiedad de asociaciones benéficas, que los ceden gustosamente a los corredores que se avienen a pagar una media de mil eurazos por numerito. El 20 % restante se destina básicamente a profesionales, y solo un pequeño  porcentaje se reserva a corredores del montón, que participan en una subasta donde se sortean esos pocos dorsales. Por lo tanto, si quieres participar en el maratón, o buscas patrocinador caritativo previo pago, o puedes jugártela y echar la solicitud a ver qué pasa. Por supuesto, de ese porcentaje los ingleses se guardan un tanto, así que si eres extranjero, pobre y fondón las posibilidades de correr son más bien pocas. No obstante, se cubrieron las 125.000 solicitudes disponibles para la lotería.

Pero merece la pena ir como espectador de todas formas. Como ya he dicho en algún momento, los ingleses son muy participativos, y a lo largo de toda la carrera hay multitudes  animando a los atletas. A mí me tocó por cierto vivir algunas situaciones angustiosas, no en la lucha por los primeros puestos, que se resuelve con rapidez (de milagro pillé al ganador), sino algo más tarde, cuando van apareciendo los que terminan con las fuerzas justas. Recuerdo uno de los corredores que llegaba tambaleante y medio desorientado a la recta final. Tengo grabada su cara huesuda y pálida, y también el momento en que el tipo se giró hacia el público y comenzó a avanzar trabajosamente hacia la valla, con la mirada perdida, como un zombi. Afortunadamente, vinieron otros dos corredores al rescate, y finalmente lo acompañaron a la meta. Otros no tuvieron tanta suerte. A los pocos minutos un atleta muy alto llegó totalmente extenuado, bailando charlestón con sus piernas de alambre mientras se empeñaba en mantenerse derecho y trataba en vano de adelantar un pie, reproduciendo la imagen de un bebé que ensaya sus primeros pasos. La organización dudaba entre socorrerlo o dejarle hacer. Al final llegó la ambulancia y se lo llevó, a 200 putos metros de la meta y tras haberse echado entre pecho y espalda 42 kilómetros. Había que ver esa cara.

Después de la carrera  el centro londinense se convirtió en un hervidero, como se puede apreciar en la foto (mía, con todo lo que conlleva), de la calle que une Trafalgar Square con la orilla norte del Támesis. Miles de corredores luciendo medalla, orgullosos, y acompañados de familiares y amigos llenaban los pubs y las plazas. Viendo todo aquello  fue cuando me dio por echar un cálculo rápido tomando como referencia mis carreras de los sábados, y me dí cuenta que tendría que invertir algo más de cuatro horas, suponiendo que las cosas fueran bien, para completar el recorrido de  una maratón. Más de cuatro horas de esfuerzo continuado y extenuante. Imposible. Así que en ese momento decidí que hoy echaría el resto, a mi nivel, y así ha sido, ayudado por el empuje que proporcionan un poco de obstinación y la comprensión condescendiente de un fotógrafo desinteresado.

Happy birthday, William

Abril 22nd, 2010 Abril 22nd, 2010
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Aunque no se sabe exactamente el día de su nacimiento, sí es conocido el dato de que fue bautizado el día  26 de abril de 1564, y tradicionalmente su cumpleaños se festeja el 23 del mismo mes, tal vez para buscar algún tipo de fatalidad en la fecha, ya que el tipo murió 52 años más tarde en el mismo día. No sé. El caso es que para celebrar tan destacado aniversario, y entre otros actos por toda la ciudad, el domingo anterior al supuesto día del alumbramiento de William se convoca a todo el que quiera a una  jornada de puertas abiertas en el Shakespeare´s Globe, el teatro construido como réplica de aquel en el que se representaban originalmente las obras del autor. Por lo que a mí respecta no conozco las obras de Shakespeare. Ninguna. No leo teatro por los mismos motivos por los que no escucho una película. Aún así, una voz autorizada (mi querida Sophie, actriz y directora de teatro antes que profesora) me había recomendado la visita a este lugar.

Así que allí me planté el domingo pasado para comprobar con mis propios ojos miopes si la fama del Globe era merecida. Y tengo que decir que el inicio de la visita fue un poco tristón .Tras esperar en una cola de unos 300 kilómetros(contados), entré en un pequeño edificio anexo al teatro donde habían montado un museo que exhibía trajes, libros y distintos utensilios de la época, planos del Globe original (fue reconstruido en 1997), citas de Shakespeare vistosamente enmarcadas… En fin, todo un poco rollo. Lo único que mereció la pena de esa primera parte de la visita fue una exhibición de esgrima en la que cuatro espadachines se iban turnando para mostrar al público las técnicas de lucha del siglo XVI. Fue particularmente interesante el momento en que les tocó el turno a dos jóvenes preciosas de largo pelo rubio, generoso escote y ceñido atuendo negro, que encendieron (incendiaron) la imaginación y la entrepierna del público masculino. Y es que las jamelgas (término robado a Berto, quejas feministas a La Sexta) sabían lo que hacían, se gustaban y sabían cómo gustar. Recuerdo que en un momento de la pelea, las dos en el suelo, el tipo que tenía a mi derecha se giró medio asustado, interrogándome con la mirada:”No soy el único que se está poniendo un poco pinocho, ¿no?”.”No,no, tranquilo”.

Después de eso pasamos a visitar el teatro. Y, coño, qué sitio más chulo. La primera sensación que tuve me trasladó a las primeras escenas de Cyrano, y a partir de ahí la visita comenzó a tomar otro color. El Globe es un teatro circular, a excepción de la parte donde se sitúa el escenario, de tal manera que todo el público está a la misma distancia de los actores, mejorando así la interacción entre todos. Por lo visto, cuando tuvo lugar la reconstrucción, no solo se respetaron las formas del teatro, sino también los materiales originales de construcción, así como las condiciones físicas de las representaciones en tiempos de Shakespeare. Por eso el teatro solo abre en primavera/verano: no hay luz eléctrica, no hay efectos de sonido, no hay tecnología de ningún tipo. Los actores y el público, eso es todo. Total, que me pasé media tarde allí sentado, mirando a mi alrededor y atendiendo a  los actores que intercalaban pequeñas representaciones con explicaciones sobre el Globe y la obra de Shakespeare. El día 26 se inicia la temporada, y durante todo el mes de mayo representan Macbeth, a precio muy asequible, así que creo que no me perderé  la experiencia.

Y este domingo la maratón de Londres, que por lo visto se forma la de dios y el diablo. Aquí el que se aburre es porque quiere.

Maldita sea, y me pregunta la gente que si tengo ganas de volver.

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A walk in Portobello Market

Abril 14th, 2010 Abril 14th, 2010
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“No tiene sentido. Supongamos que vives, no sé, unos ochenta años. Por los hechos ocurridos en ese periodo de tiempo resulta que te condenan a una eternidad en el infierno o te premian con una eternidad en el paraíso. ¡Qué desproporción!”. Asiento ante el último de los poderosos argumentos que sostiene esta chica para aferrarse a su falta de fe en la fe. Al momento, sin embargo, me aclara que ha copiado un pensamiento de Borges, y añade que ella también “dejó atrás el chantaje del cielo hace unos años”. Otra opinión robada. No importa. Esta catalana menuda de fingida mirada distraída me cae bien, me gusta escucharla, y no parece que tenga 21 años, sino bastantes más. Yo admiro a Borges de oídas, por inercia, sin haber leído ni una sola palabra de un autor supuestamente imprescindible.

 

En unos minutos pasamos por delante de la tienda de libros donde Hugh Grant enamoró a Julia Roberts. Isabel lo menciona de pasada, aburrida, como si llevara años realizando el mismo itinerario turístico. Notting Hill, el barrio, tiene el mismo atractivo que Notting Hill, la película: ninguno. Excepto por la merecida fama de Portobello Market. “Cuéntame más, Isabel”. Y me cuenta que el mercado de antigüedades lo fue antes de fruta y verdura, hace un par de siglos. Después, a mediados de los años 60 llegaron los anticuarios con sus libros, con sus pinturas, con sus trastos, y se instalaron a la entrada de Portobello Road, en los primeros locales. Avanzamos con dificultad entre la marea de gente. En algunas de las tiendas hay que esperar turno para poder entrar y curiosear. En un claro le pido a Isabel que me haga una foto, junto a las fachadas coloreadas, y a continuación seguimos caminando por esta calle que parece no acabar nunca. “Ahora llegan los puestos de frutas y verduras”, me anuncia, y casi me molesta dejar atrás las tiendas atiborradas de cosas curiosas, de viejos baúles, de catalejos oxidados, de guantes de boxeo, de sombreros de explorador, de multitud de objetos que tal vez reclaman una visita algo más pausada. Es igual, volveré la próxima semana, o a la siguiente.

 

Entre el tramo de los puestos de fruta y el siguiente, un mercadillo de ropa sin más atractivo, escucho música. Me llama la atención el simpático dúo medio cómico que toca algo que identifico como swing, sin saber muy bien lo que es exactamente, aunque prefiero acercarme a escuchar al elegante bluesman. A Isabel no le gusta demasiado la música y se impacienta un poco,  y prefiere esperarme curioseando en un puesto de discos cercano. Cuando llego hasta ella se ha comprado un disco pirata de Beyoncé y otro de rap o hip-hop; se reconcilia con su edad. Terminamos el paseo en un puesto de comida tradicional alemana y compramos un par de bocadillos de salchichas. Isabel me cuenta que le gusta escribir. Claro. Yo le comento que estoy escribiendo un blog donde voy contando algunas cosas que me van sucediendo en Londres. Isabel da un buen mordisco a su bocadillo, me mira y pregunta con la boca llena: “¿Contarás nuestro paseo por Portobello?”. Yo le pego otro buen bocado al mío e imito su gesto, antes de contestar. “Vale”. 

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Putney Music Festival

Abril 4th, 2010 Abril 4th, 2010
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Uno de los acontecimientos que llega con el buen tiempo( mejor, con la primavera )a la capital inglesa es la famosa regata que tiene lugar a lo largo del Támesis y que ha enfrentado durante 180 años a las universidades de Oxford y Cambridge. Este año, después de una disputada carrera,con una final apretadísima (según me cuentan, llegué tarde), y tras cuatro años de humillantes derrotas, Cambridge se alzó con el triunfo. Bien por Cambridge. La salida tuvo lugar en Putney, la población más cercana a Roehampton, y el evento reunió a miles de personas que esperaban con ansiedad el paso de las embarcaciones. Aunque,la verdad, tengo mis dudas acerca de las verdaderas razones de tan masiva asistencia. Tal vez el motivo real que nos reunía a todos allí era otro bien distinto. Quizá los festivales de música, comida y alcohol (mucho alcohol) que se organizan a ambas orillas del Támesis con el pretexto de la competición sea la razón última para congregar a tanta gente. Quién sabe.

 El caso es que, en Putney, el festival de música  dura todo el fin de semana, y a lo largo de todos los bares y pubs de la zona es posible escuchar rock, jazz, blues, flamenco… Así, durante tres intensos días, chicos y chicas, hombres y mujeres, locales y visitantes, todos(o casi), se reunen para compartir, al calor de la músca en directo, una de las aficiones más arraigadas en la noble cultura sajona, y que la juventud se encarga de preservar convenientemente: beber a lo loco y sin conocimiento ninguno.Como debe ser.Y si hay que vomitar, se vomita, demonios. Si ayer por la noche me hubieran dado una libra por cada persona que vi por las calles de Putney con las manos vacías, seguramente habría vuelto a casa con los bolsillos de igual manera. Aunque hay que decir que el ambiente animaba a ello, eso es cierto. Yo asomé el careto por uno de los locales que atrae a más público, el elegante Half Moon, y ya a media tarde estaba hasta arriba de parroquianos, degustando unas gordas (que diría el manchego), y escuchando con atención al primo soso inglés de Sabina y a su amigo “el perillas”, que se marcaron un repertorio de versiones acústicas que gustó bastante al respetable. A continuación, un enérgico frontman, probablemente hijo bastardo de  Kurt Cobain (es el tipo que está justo enfrente de la brillante calva), y su grupo se encargaron de dar caña por la noche. Arrancaron con Come Together, ganándose al público al instante,y luego siguió una auténtica demostración de buen gusto (a mi juicio, que es el que cuenta), con temas de Queen, Stones, Bon Jovi, Guns N’ Roses…Cuando, al final, el joven Kurt comenzó a berrear temas de Nirvana, la gente literalmente enloqueció y comenzó a dar saltos bajo una lluvia de cerveza, que se resistía a quedarse en los vasos, así que no tuve más remedio que pedir otra pinta y hacer lo propio. El grupo cerró con Johnny B. Goode, y para entonces, el suelo estaba medio encharcado, el ambiente excesivamente cargado, y mi equilibrio deteriorado (con solo dos pintas, no te lo pierdas), así que privé a la siguiente banda del extraordinario lujo de mi agradable presencia. Suficiente para un cuerpo desacostumbrado.

Hoy toca algo más tranquilo. Blues. Así que os dejo, que empieza en un rato. 

Ciao. 

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Toledo-London-Lisbon?

Marzo 23rd, 2010 Marzo 23rd, 2010
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Algo está cambiando en Londres. Los días se van alargando, la temperatura se va suavizando, y cada vez hay más gente deambulando por el centro londinense, al menos en una de las zonas más animadas de la capital inglesa, la orilla sur del Támesis (South Bank), un lugar para pasear y mirar gente, y también para admirar la ciudad desde el London Eye(si el bolsillo y el mal de alturas lo permiten), asistir a una obra de teatro clásico,en el Globe, o moderno, en el National Theatre, o disfrutar de un poco de arte incomprensible, en la Tate Modern, y todo ello a escasa distancia de la abadía de Westminster, el Big Ben o St. Paul´s cathedral

Ayer pasé el día allí, con Andreia, una chica portuguesa que está realizando un postgrado en Londres y que asiste conmigo a las clases de mejora del inglés. Tengo que decir que la incontinencia verbal de Andreia la portuguesa es conocida desde Ayamonte hasta Faro(de donde es natural, por cierto), y la verdad es que temía que al cabo de un par de horas de parloteo incesante los niveles de aturdimiento mental alcanzaran cotas de insospechada magnitud, pero la verdad es que es una chica muy maja, inteligente, y además de mi edad, ¡por fin!, así que el día resultó bastante agradable. Lástima que se largue la semana que viene… Vuelve, sin mucha gana, a su Faro natal, a hacerse cargo de su realidad tras tres meses de paréntesis. El caso es que resulta curioso que haya empezado a intimar con Andreia en este momento (ella me dice que es algo que nos ocurre a los Sagitario continuamente, yo le digo que no me puedo creer que me diga eso una psicóloga), justo cuando me acaban de conceder una beca para realizar las prácticas de enseñanza en Lisboa, una ciudad que, a pesar de algunos pesares, me dejó tocado y con ganas de volver en las dos ocasiones en las que estuve de visita. Aunque parece ser que el fado y el vinho verde están a un par de peros de distancia. El primero es que me permitan realizar las prácticas en septiembre, durante el primer cuatrimestre, lo cual parece complicado, ya que tras ponerme en contacto con el profesor de turno me comenta que aún no me puede confirmar nada pero que la cosa pinta fea. El segundo es convencerme a mí mismo de que prefiero la estancia en Lisboa antes que tener la posibilidad de terminar la carrera en diciembre (si traslado mi expediente a la excitante Albacete), y así tener la oportunidad de presentarme a las oposiciones de 2011. ¿Qué hacer?¿Comportarme como una persona madura y razonable o dejarme llevar y seguir en la misma dirección, la difícil, la que usa el salmón…? Ya veremos.

Mientras tanto, pretendo seguir disfrutando de lugares como South Bank, donde por cierto también estuve con mis queridos inquilinos la semana pasada, primera y única visita que he recibido hasta el momento, y que transcurrió entre despistes ferroviarios( resueltos con soltura por la sección femenina ante la incompetencia manifiesta de los otros dos “empanaos”)zorros confiados(se cuentan por decenas en Roehampton, parece ser, yo aún no vi ninguno) y gastos prohibitivos en Camden Town ( los chicos van a tener que hacer horas extras en el S.A.U.C[Servicio de Atención Urgente de Chismes] para pagar los caprichos excesivos de Raquel…). 

Hasta luego.

 

The 39 steps

Marzo 10th, 2010 Marzo 10th, 2010
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Picadilly Circus es uno de los lugares más concurridos de Londres. Se trata de una intersección de calles famosa por sus neones excesivos y por su cercanía a las principales zonas de compras de la ciudad. En uno de los costados de la plaza se alza la estatua que popularmente se conoce como Eros, dios griego del amor, aunque parece ser que en realidad representa a su hermano Anteros (hermano mayor, entiendo). Hasta aquí la clase de arte. El caso es que el miércoles pasado me acerqué hasta esta bulliciosa zona para asistir a una de las obras de teatro que lleva más tiempo en cartel en la capital inglesa: The 39 steps. Como casi todos sabemos, la obra es una adaptación de la conocida película de Hitchcock ( la vi el día anterior, vaya tostón, me parece que algunas de las películas del gordito no soportan bien el paso del tiempo), de mismo título pero de tratamiento completamente distinto. En la versión teatral han convertido una pieza de intriga y suspense en una comedia muy entretenida “de ritmo trepidante”(reza el cartel). Está interpretada por tan solo cuatro actores que, a excepción del protagonista, hacen varios papeles cada uno, y solo por ver el ingenio derrochado en los continuos y sencillos cambios de escenario o el talento que despliegan los actores en sus sucesivas y rapidísimas transformaciones, merece la pena pagar la entrada. Cuando vengáis a visit…Si algún día os acercáis por Londres, os recomiendo invertir un par de horas en el espectáculo. Es recomendable incluso si solo te enteras de la mitad de los diálogos.

Por cierto, la obra tiene lugar en el Criterion Theatre, un teatro subterráneo construido sobre varios pilares encajados literalmente en la parte de atrás del patio de butacas, de tal forma que si te toca la china y te sientas en el lugar inadecuado, como fue el caso,  corres el riesgo de salir del teatro con el cuello dolorido de tanto retorcerlo para poder ver algo. Afortunadamente, el bueno de Lázaro (no el que olía a rancio, el otro) nos dejó en herencia valiosas enseñanzas, y una vez apagadas las luces…

Conclusión: yo creo que hay que ir al teatro, sobre todo si la alternativa es la podredumbre imaginativa del cine actual (si no de qué tanta saga y tantas enésimas partes). Al menos el teatro te ofrece el espectáculo único e irrepetible del directo. Así que, lo dicho, vayan ustedes al teatro, si pueden, “ocupen su localidad, y presten todos atención…”

Y en abril, el Globe.

Parkrun

Febrero 27th, 2010 Febrero 27th, 2010
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La lluvia caía menuda esta mañana, a eso de las 8:15, y a punto he estado de dejarme llevar por la inercia de un bostezo titánico y volverme para la cama a seguir maltratando la espalda en el desnutrido colchón que la universidad tuvo a mal instalar en los cuartuchos de la residencia. Pero no ha sido así, no señor. Después de atravesar la ventana con una mirada desafiante al horizonte gris y de apretar los puños hasta hacer palidecer los nudillos, me he sacudido la pereza con un poco de agua bien fría, me he ajustado los lentes y las ropas de correr, he pillado las zapatillas de engullir kilómetros y he saltado a la calle sin demora para dirigirme  hacia Wimbledon a tomar parte en mi primera carrera como nuevo y emocionado miembro de Parkrun, una asociación no lucrativa (todas lo son, me apuntan,corrijo)que promueve carreras cronometradas de 5km en algunos de los principales parques del país. Se trata de una organización que funciona  exclusivamente con fondos de unos pocos patrocinadores y que están muy bien organizados. Porque los ingleses, señores, otra cosa no, pero organizados, son. La inscripción es totalmente gratuita y una vez que recibes tu carnet vía online puedes participar en cualquier carrera a lo largo del país. Los sábados. A las nueve(éste es el pero).Una vez terminado el evento registran tu tiempo y puesto y durante la tarde recibes un correo con los resultados del día. Además van realizando un seguimiento con el rendimiento y evolución del corredor, destacando las mejores marcas y comentando cualquier aspecto relevante durante la carrera. Para incentivar aún más la participación, organizan un café(o un agua sucia si eres nativo) en una cafetería cercana, y cuando alcanzas cierto número de carreras te obsequian con una camiseta, que puede ser blanca(10 carreras), roja(50), azul(100) o negra(250, categoría que cuenta con un solo integrante de momento, el insigne Darren Wood, sobrino de Ron). Pero vamos a lo que interesa…

La carrera.

Seguramente no sorprenderé a nadie si digo que en un par de ocasiones he visto claras posibilidades de alzarme con la victoria. Sin embargo, llevado por mi habitual elegancia condescendiente para los que no llegan a mi nivel físico(en el mental soy fácilmente superable), así como  para no airar a  veteranos y profesionales en mi primera carrera( o a Jose, el tipo que me informó de la existencia de Parkrun, y que ya lleva algunas semanas participando), he optado por mantenerme en todo momento en un discreto anonimato formando parte del apretado grupo de cola. No pasa nada, no le doy importancia. Hay que decir que el circuito de Wimbledon mide exactamente la mitad de lo que exigen las reglas de la organización, por lo que incluso mis patéticos conocimientos matemáticos alcanzan a concluir que hay que dar dos vueltas al circuito para completar los 5km. La primera vuelta ha sido tranquila. En la segunda, nada más empezar, ha comenzado a llover. Pero llover, llover. Así que  que la carrera se ha convertido en un cross en toda regla. Y ha sido justo en la mitad de esta segunda vuelta cuando me he topado con mi “bestia negra”, el oponente que todo deportista de élite termina encontrando tarde o temprano y que se convierte en el rival a batir : un mico de unos doce años que me llegaba al ombligo, calzaba  botas de fútbol, y corría como el mismísimo demonio. En el momento en que le he pasado, después de perseguir su diminuto cuerpecillo durante la primera mitad de la carrera, le he obsequiado con unas palmaditas en la espalda y un alentador come on. No se ha percatado del tono chulesco. Más bien al contrario, parece que mis palabras han hecho su efecto, porque cuando quedaban escasos 100 metros para llegar a la meta, me ha rebasado sin despeinarse,mientras buscaba la aprobación de su madre, que lo miraba, orgullosa (Y hablando de su madre… )No ha habido palmaditas por su parte. Se creerá muy maduro…

En fin, el caso es que la experiencia ha sido interesante y seguro que repetimos la semana que viene. Hay que llegar a las diez al menos.

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-”Pues me parece muy bien. Oye, y de trabajo, ¿qué?, porque te veo un tanto perezoso”.

-Cállate.

 

P.D.: Por cierto, me inscribí en el II concurso de BLOG organizado por la UCLM. No sé si la temática se ajusta a las normas del concurso, pero costaba poco averiguarlo. Las bases exigen la publicidad del evento. Hecho está.(Gracias al compañero Marcos por su ayuda).

Royal Opera House

Febrero 19th, 2010 Febrero 19th, 2010
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Nada más asentar mi trasero en una de las butacas del anfiteatro de la Royal Opera House mi memoria realizó un cinematográfico viaje que me llevó desde El Padrino III hasta Philadelphia, pasando por Pretty Woman, qué le vamos a hacer, mientras me sentía un poco cateto a estribor (nos sentaron en el lado derecho) al ser plenamente consciente de que aquello iba a ser lo más cerca que iba a estar de presenciar un evento en este prohibitivo lugar. “Bueno, no creas”, me contaba la simpática Directora de Eventos, que hizo las veces de guía, “en los últimos asientos a ambos lados del anfiteatro puedes conseguir entradas de hasta diez libras”.Y la verdad es que se trata de una opción muy interesante, sobre todo porque al llegar a la butaca te facilitan por el mismo precio un folio en blanco y, mientras escuchas la obra, tienes la oportunidad de  dibujar algo bonito apoyándote en la puta pared que tienes delante. Es, digamos, una forma distinta de apreciar el arte. Mente abierta. En fin. El caso es que la visita fue organizada por una profesora de la universidad, con nombre normal, y tenía como finalidad aprender algo del trabajo de los intérpretes y traductores que subtitulan las obras, así como observar la labor que realizan durante el espectáculo, que es algo bastante menos simple de lo que yo pensaba. Así que no hubo función pero sí visita curiosa, terminando además la tarde tomando una cerveza en casa de un amigo de la niñez, reencuentro entrañable con el tipo que me mostró la capacidad para estimular la imaginación que posee un trozo de papel más allá de las páginas del Interviú. Además, ¿quién demonios necesita asistir a uno de éstos pomposos espectáculos cuando tienes a escasos cien metros música de la buena casi a cualquier hora?

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London trip: three stops

Febrero 10th, 2010 Febrero 10th, 2010
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Primera parada. St. James Park. El parque real más antiguo de la ciudad se encuentra enfrente del Palacio de Buckingham, en la zona de Westminster. Debido a su ubicación es uno de los puntos verdes más visitados y paseados de Londres. Hay una zona muy concurrida denominada The Mall, donde se celebran desfiles y diversos actos oficiales. También se han rodado escenas de películas recientes, como Match Point y alguna de 007. El parque cuenta con un lago central con numerosa fauna alada, entre la que destacan los pelícanos, lo cual me ha permitido mostrar el humilde desarrollo de mi escasa habilidad tras la cámara.

Segunda parada. Covent Garden. Esta es una de las zonas con más encanto de Londres. Además del mercado, donde algunos artesanos elaboran sus curiosas piezas a la vista de todos, y el auténtico desfile de moda que es Floral Street, lo que más me llamó la atención es la vida callejera que se despliega a lo largo de la Piazza. En algo menos de media hora me topé con un virtuoso de la guitarra, que casualmente al llegar   estaba tocando mi canción preferida de U2,One, un mago prodigioso(el tipo se tragó un maldito globo delante de mi cara y hacía desaparecer objetos a cámara lenta) y varias estatuas vivientes creadas con bastante ingenio (Habría alguna foto si la batería de la cámara no hubiera decidido abandonarme en ese momento).

Tercera parada. National Gallery. Alberga obras pictóricas de todo tipo: Velázquez, Monet, Rembrandt, Van Gogh, Leonardo da Vinci…y, por supuesto, El Greco. Como ya he comentado alguna vez, el exceso de exposición al arte me aturulla un poco, así que esta vez lo hice mejor y me di una vuelta por las salas principales que recomienda el propio museo. Además, siguiendo los sabios consejos de los que saben, me enganché a una visita guiada, y la verdad es que la cosa cambia bastante cuando alguien te explica la historia que hay detrás de un cuadro. Por otro lado,me llamó la atención que obras como Los Girasoles o La Venus del Espejo se exhiban sin protección ninguna y puedas acercarte a observarlos a pocos centímetros. Como curiosidad, y demostrando una vez más mis profundos conociminetos artísticos, añado que me llamó mucho la atención ver en directo el cuadro de Jan Van Eyck El matrimonio Arnolfini,  no solo por su evidente valor artístico, que no se escapa a mis experimentados ojos miopes,  sino porque además lo he visto decenas de veces en la cabecera de una serie de televisión, no recuerdo cual.Se admiten aclaraciones.