Putney Music Festival

Abril 4th, 2010 Abril 4th, 2010
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Uno de los acontecimientos que llega con el buen tiempo( mejor, con la primavera )a la capital inglesa es la famosa regata que tiene lugar a lo largo del Támesis y que ha enfrentado durante 180 años a las universidades de Oxford y Cambridge. Este año, después de una disputada carrera,con una final apretadísima (según me cuentan, llegué tarde), y tras cuatro años de humillantes derrotas, Cambridge se alzó con el triunfo. Bien por Cambridge. La salida tuvo lugar en Putney, la población más cercana a Roehampton, y el evento reunió a miles de personas que esperaban con ansiedad el paso de las embarcaciones. Aunque,la verdad, tengo mis dudas acerca de las verdaderas razones de tan masiva asistencia. Tal vez el motivo real que nos reunía a todos allí era otro bien distinto. Quizá los festivales de música, comida y alcohol (mucho alcohol) que se organizan a ambas orillas del Támesis con el pretexto de la competición sea la razón última para congregar a tanta gente. Quién sabe.

 El caso es que, en Putney, el festival de música  dura todo el fin de semana, y a lo largo de todos los bares y pubs de la zona es posible escuchar rock, jazz, blues, flamenco… Así, durante tres intensos días, chicos y chicas, hombres y mujeres, locales y visitantes, todos(o casi), se reunen para compartir, al calor de la músca en directo, una de las aficiones más arraigadas en la noble cultura sajona, y que la juventud se encarga de preservar convenientemente: beber a lo loco y sin conocimiento ninguno.Como debe ser.Y si hay que vomitar, se vomita, demonios. Si ayer por la noche me hubieran dado una libra por cada persona que vi por las calles de Putney con las manos vacías, seguramente habría vuelto a casa con los bolsillos de igual manera. Aunque hay que decir que el ambiente animaba a ello, eso es cierto. Yo asomé el careto por uno de los locales que atrae a más público, el elegante Half Moon, y ya a media tarde estaba hasta arriba de parroquianos, degustando unas gordas (que diría el manchego), y escuchando con atención al primo soso inglés de Sabina y a su amigo “el perillas”, que se marcaron un repertorio de versiones acústicas que gustó bastante al respetable. A continuación, un enérgico frontman, probablemente hijo bastardo de  Kurt Cobain (es el tipo que está justo enfrente de la brillante calva), y su grupo se encargaron de dar caña por la noche. Arrancaron con Come Together, ganándose al público al instante,y luego siguió una auténtica demostración de buen gusto (a mi juicio, que es el que cuenta), con temas de Queen, Stones, Bon Jovi, Guns N’ Roses…Cuando, al final, el joven Kurt comenzó a berrear temas de Nirvana, la gente literalmente enloqueció y comenzó a dar saltos bajo una lluvia de cerveza, que se resistía a quedarse en los vasos, así que no tuve más remedio que pedir otra pinta y hacer lo propio. El grupo cerró con Johnny B. Goode, y para entonces, el suelo estaba medio encharcado, el ambiente excesivamente cargado, y mi equilibrio deteriorado (con solo dos pintas, no te lo pierdas), así que privé a la siguiente banda del extraordinario lujo de mi agradable presencia. Suficiente para un cuerpo desacostumbrado.

Hoy toca algo más tranquilo. Blues. Así que os dejo, que empieza en un rato. 

Ciao. 

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