The 39 steps

Marzo 10th, 2010 Marzo 10th, 2010
Posted in Exp. Personal
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Picadilly Circus es uno de los lugares más concurridos de Londres. Se trata de una intersección de calles famosa por sus neones excesivos y por su cercanía a las principales zonas de compras de la ciudad. En uno de los costados de la plaza se alza la estatua que popularmente se conoce como Eros, dios griego del amor, aunque parece ser que en realidad representa a su hermano Anteros (hermano mayor, entiendo). Hasta aquí la clase de arte. El caso es que el miércoles pasado me acerqué hasta esta bulliciosa zona para asistir a una de las obras de teatro que lleva más tiempo en cartel en la capital inglesa: The 39 steps. Como casi todos sabemos, la obra es una adaptación de la conocida película de Hitchcock ( la vi el día anterior, vaya tostón, me parece que algunas de las películas del gordito no soportan bien el paso del tiempo), de mismo título pero de tratamiento completamente distinto. En la versión teatral han convertido una pieza de intriga y suspense en una comedia muy entretenida “de ritmo trepidante”(reza el cartel). Está interpretada por tan solo cuatro actores que, a excepción del protagonista, hacen varios papeles cada uno, y solo por ver el ingenio derrochado en los continuos y sencillos cambios de escenario o el talento que despliegan los actores en sus sucesivas y rapidísimas transformaciones, merece la pena pagar la entrada. Cuando vengáis a visit…Si algún día os acercáis por Londres, os recomiendo invertir un par de horas en el espectáculo. Es recomendable incluso si solo te enteras de la mitad de los diálogos.

Por cierto, la obra tiene lugar en el Criterion Theatre, un teatro subterráneo construido sobre varios pilares encajados literalmente en la parte de atrás del patio de butacas, de tal forma que si te toca la china y te sientas en el lugar inadecuado, como fue el caso,  corres el riesgo de salir del teatro con el cuello dolorido de tanto retorcerlo para poder ver algo. Afortunadamente, el bueno de Lázaro (no el que olía a rancio, el otro) nos dejó en herencia valiosas enseñanzas, y una vez apagadas las luces…

Conclusión: yo creo que hay que ir al teatro, sobre todo si la alternativa es la podredumbre imaginativa del cine actual (si no de qué tanta saga y tantas enésimas partes). Al menos el teatro te ofrece el espectáculo único e irrepetible del directo. Así que, lo dicho, vayan ustedes al teatro, si pueden, “ocupen su localidad, y presten todos atención…”

Y en abril, el Globe.